Brecha digital y personas mayores.

En los últimos años, se ha detectado un avance significativo en el interés por el manejo por parte de las personas mayores de las Tecnologías de la Información y Comunicación. Cada vez existe un interés mayor en aprender el manejo de las Redes Sociales, como sistema para comunicarse con los suyos o para estar informado de lo que ocurre en su entorno; su ciudad, su pueblo o su barrio.

Debemos abandonar el estereotipo comúnmente extendido de que las personas mayores no acceden a estos recursos porque no los entienden. Es posible que el aprendizaje de los conceptos sea algo más lento, pero esto únicamente se debe a que no son «nativos digitales» y tienen que interiorizar conceptos y estructuras visuales totalmente nuevos para ellos; pero la necesidad de estar conectado y el interés en estas nuevas formas de comunicación está procurando grandes avances en la paulatina disminución de la brecha digital.

Esta necesidad de estar conectado que exteriorizan las personas mayores se visualiza a través de redes sociales clásicas, como pueden ser Facebook y Whatsapp. Cada vez más las diversas instituciones y Administraciones Públicas nos hemos ido dando cuenta de la importancia de estar conectados con los ciudadanos, también con los de mayor edad, a través de las redes sociales, puesto que éstas se configuran como potentes canales de comunicación y difusión de los contenidos, y que acercan las actuaciones de una determinada institución no sólo al destinatario real sino también al «potencial», favoreciendo la visibilidad del colectivo al conjunto de la Sociedad y evitando concepciones parciales y estereotipadas del mismo.

Haciendo un análisis de mi experiencia con las redes sociales, he de reconocer que en un principio tenía bastantes reservas sobre la capacidad de llegar a conectar con el colectivo de personas mayores, pero la verdad que me he ido afirmando en su enorme poder y su gran relevancia. Cada vez son más las personas mayores que me dicen «lo he visto por Facebook». Por dar un dato, de los 564 personas que siguen mi perfil, 101 son socios del Centro de Personas Mayores de El Espinar. Evidentemente, no llegamos a todos nuestros socios, pero sí lo hacemos con un número bastante importante, que en la mayor parte de los casos coinciden con el grupo con mayor grado de implicación y participación. Todo ello sin contar con el efecto multiplicador que se puede generar con el seguimiento de familiares (hijos, nietos) que pueden favorecer en la difusión de la información.

Con la emergencia del Covid-19, se ha hecho más evidente la necesidad de avanzar en la adquisición de habilidades digitales. La administración electrónica está cada vez más cerca de ser un hecho y todos los ciudadanos deben de estar preparados para «relacionarse electrónicamente», si no quieren quedarse fuera. Las empresas privadas, como por ejemplo los bancos, son un ejemplo claro del cambio en las relaciones que se ha producido como consecuencia de la digitalización. Prácticamente todas las operaciones pueden realizarse a distancia, sin necesidad de acudir a una sucursal, y a través de una APP del móvil. Y como habéis podido observar no han dado marcha atrás, aún sabiendo que una parte importante de las personas pueden quedarse fuera, al no tener acceso a la vía telemática.

Las Administraciones Públicas tenemos mucho margen de mejora en la aplicación de la administración digital para favorecer las relaciones con el ciudadano. Existen buenos ejemplos de herramientas muy útiles, como por ejemplo la que te permite pedir cita previa con tu médico (SACyL-Conecta), pero debemos atrevernos y buscar nuevas formas de comunicación que supongan una ventaja para los usuarios, como por ejemplo «Servicios de Información» vía correo electrónico o Whatsapp, evitando esperas y desplazamientos innecesarios a los ciudadanos para realizar consultas básicas. Y aprovechando la atención presencial para lo verdaderamente importante, la relación de ayuda.

Desde los centros de personas mayores debemos actualizar los «planes de digitalización», incluyendo los contenidos necesarios para el adecuado funcionamiento de las personas mayores en su vida diaria, realización de trámites, gestiones, búsquedas a través de Internet, y aprovechando que prácticamente «todas» las personas contamos con un ordenador en nuestro bolsillo-nuestro teléfono móvil.

Des-escalada en los servicios para personas mayores.

Las personas mayores serán las últimas en llegar a la fase que han denominado de «Nueva Normalidad».

Dada la alta letalidad demostrada por el virus contra las personas mayores va a obligar a las Administraciones Públicas a ser muy prudentes en cuanto al proceso de incorporación progresiva de las personas mayores a su vida social y cultural.

La fecha prevista no está aún ni siquiera marcada en el calendario de programación de la des-escalada. A finales de junio, se prevé llegar a un punto de apertura de todos los servicios generales para la población, pero los servicios destinados específicamente a las personas mayores muy probablemente tendrán que esperar un poco más. Aún no se sabe nada, pero es más que probable que el temor a una nueva ola del virus que se pueda producir el próximo invierno, vaya provocar un aumento del tiempo de espera para comenzar de nuevo la actividad. En estos momentos no hay datos que permitan ser optimistas al respecto sino más bien todo lo contrario.

Analizando la situación en la que se encuentra el colectivo, se están detectando graves consecuencias derivadas del confinamiento prolongado de las personas mayores en su domicilio, como: depresiones, agravamiento de sus patologías de base, demencias,… Las personas mayores están sufriendo mucho en este duro confinamiento, y no cabe duda que habrá que ir tomando decisiones de cara a que puedan aplicarse poco a poco medidas que permitan la realización de actividades que permitan en cierta medida la socialización y la participación comunitaria.

Los centros de personas mayores debemos ir pensando cómo nos vamos a adaptar a las nuevas circunstancias, y de qué manera vamos a poder cumplir nuestra función que no es otra que la promoción de un envejecimiento activo y la prevención de la dependencia, y cómo lo vamos a conseguir sin comprometer la salud de las personas mayores y cumpliendo con todas las medidas preventivas recomendadas.

No cabe duda, que nos debemos olvidar por un tiempo de las actividades multitudinarias. Sintiéndolo mucho no creo que se puedan realizar actividades como el bingo o las tradicionales convivencias que reúnen un gran número de personas. Tendremos que inventarnos nuevas formas de trabajo, en pequeño grupo, con limitación de aforo y respetando las distancias. Habrá que hacer más grupos pero con menor número de personas. Quizá en este periodo donde la relación «física» está muy limitada, debemos proporcionar a las personas mayores las herramientas para el manejo de las Nuevas Tecnologías, que les permita estar más comunicados con el mundo por esos medios. Puede ser una gran oportunidad para eliminar le brecha digital existente en el colectivo de personas mayores.

Algunas entidades ya han empezado a idear nuevas metodologías «virtuales» para la participación en los talleres. Hace unos días la coordinadora de voluntarios de Fundación La Caixa nos ofrecía la posibilidad de crear un taller de lectura «online», donde los lectores puedan tener acceso a libros en formato electrónico y en reuniones virtuales se podrían llevar a cabo los debates sobre los mismos a través de grupos de video-llamadas de WhatsApp o Zoom.

En este proceso de generación de ideas sobre nuevas formas de participación, van a jugar un papel fundamental los grupos de voluntarios de los centros, puesto que tendrán que adecuar las Acciones Locales que vienen desarrollando a la nueva situación de convivencia con el virus. No queda otra opción que desarrollar la imaginación para seguir haciendo lo que nos gusta pero sin comprometer nuestra seguridad.

De momento, seguiremos observando cómo se van desarrollando los acontecimientos en el largo camino que nos queda por delante, y seguro que cuando estemos nuevamente activos lograremos adaptarnos a la nueva situación; el ser humano ha demostrado durante siglos ser extremadamente adaptativo. Debemos tener esperanza en que la Ciencia encuentre soluciones que nos permitan volver a vivir tal y como vivíamos antes de que se originara este maldito virus. Sólo nos queda recordar que para muchos las crisis son una oportunidad de crecimiento y superación, y seguro que de ésta saldremos muy reforzados.

Ética de los cuidados

En el contexto actual de crisis sanitaria, motivada por la expansión del COVID19, en España muchas más voces están poniendo el acento en la necesaria revisión del modelo de atención residencial.

Es prácticamente unánime la opinión de los estudiosos del campo de la Ética, que consideran que las personas tienen que poder vivir significativamente, «vidas que merezcan la pena ser vividas«. La idea del valor de las personas como tales, por encima de cualquier otra consideración, con la dignidad como valor fundamental.

El modelo de atención en macrorresidencias está siendo fuertemente cuestionado, al considerar que no puede prestar atenciones diferenciadas a los residentes y ser altamente alienante.

El modelo de Atención Centrada en la Persona (ACP) se ha situado como el motor principal del cambio organizativo que se persigue, poniendo a la persona como protagonista, actor y gestor de su propia vida. Se vislumbran entornos residenciales que se asemejen a los domicilios de las personas, donde puedan continuar con un proyecto de vida, cubrir sus necesidades y sus deseos.

A pesar de que existen avances en esta dirección, aún quedan demasiadas cosas por hacer. El modelo centrado en los servicios sigue coleando en gran parte de los centros tanto de atención a personas mayores como de atención a personas con discapacidad.

La dicotomía público/privado es uno de los factores que influyen en el modelo. Es necesario repensar detenidamente qué modelo queremos como Estado, que sea económicamente sostenible y socialmente aceptado.

La inversión pública es imprescindible para garantizar la equidad. La existencia de plazas públicas es la única garantía de accesibilidad para toda la población. Los edificios «mastodónticos» de las viejas residencias públicas tienen que ser adaptados o sustituidos por centros nuevos, más humanos. Los conciertos con las residencias privadas tienen que revisarse para hacerlos más justos.

Se deben marcar estándares de calidad más elevados, en relación no sólo con la atención que se presta sino con la formación que se exige a los profesionales. Y por supuesto, realizar un control serio de los centros, primando los indicadores de satisfacción de las personas.

Esta crisis sanitaria ha atacado con gran virulencia a las residencias, llevándose la vida de 1 de cada 4 personas mayores. Habrá que valorar la actuación de los centros y de las Administraciones Públicas para determinar qué es lo que ha ocurrido, porque en el modelo que se plantee en un futuro no muy lejano esto no se puede volver a repetir.

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