Ética de los cuidados

En el contexto actual de crisis sanitaria, motivada por la expansión del COVID19, en España muchas más voces están poniendo el acento en la necesaria revisión del modelo de atención residencial.

Es prácticamente unánime la opinión de los estudiosos del campo de la Ética, que consideran que las personas tienen que poder vivir significativamente, «vidas que merezcan la pena ser vividas«. La idea del valor de las personas como tales, por encima de cualquier otra consideración, con la dignidad como valor fundamental.

El modelo de atención en macrorresidencias está siendo fuertemente cuestionado, al considerar que no puede prestar atenciones diferenciadas a los residentes y ser altamente alienante.

El modelo de Atención Centrada en la Persona (ACP) se ha situado como el motor principal del cambio organizativo que se persigue, poniendo a la persona como protagonista, actor y gestor de su propia vida. Se vislumbran entornos residenciales que se asemejen a los domicilios de las personas, donde puedan continuar con un proyecto de vida, cubrir sus necesidades y sus deseos.

A pesar de que existen avances en esta dirección, aún quedan demasiadas cosas por hacer. El modelo centrado en los servicios sigue coleando en gran parte de los centros tanto de atención a personas mayores como de atención a personas con discapacidad.

La dicotomía público/privado es uno de los factores que influyen en el modelo. Es necesario repensar detenidamente qué modelo queremos como Estado, que sea económicamente sostenible y socialmente aceptado.

La inversión pública es imprescindible para garantizar la equidad. La existencia de plazas públicas es la única garantía de accesibilidad para toda la población. Los edificios «mastodónticos» de las viejas residencias públicas tienen que ser adaptados o sustituidos por centros nuevos, más humanos. Los conciertos con las residencias privadas tienen que revisarse para hacerlos más justos.

Se deben marcar estándares de calidad más elevados, en relación no sólo con la atención que se presta sino con la formación que se exige a los profesionales. Y por supuesto, realizar un control serio de los centros, primando los indicadores de satisfacción de las personas.

Esta crisis sanitaria ha atacado con gran virulencia a las residencias, llevándose la vida de 1 de cada 4 personas mayores. Habrá que valorar la actuación de los centros y de las Administraciones Públicas para determinar qué es lo que ha ocurrido, porque en el modelo que se plantee en un futuro no muy lejano esto no se puede volver a repetir.

Publicado por David Calvo

Profesional de los Servicios Sociales. Explorando metodologías innovadoras, centradas en las personas. @SiempreEnBeta

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